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Mostrando entradas de agosto, 2026

La campaña (Capitulo 25)

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El olor a café recién hecho y a tostadas con aceite llenaba la cocina. Víctor estaba de pie junto a la encimera, todavía con el bóxer y una camiseta vieja, cuando Valeria bajó las escaleras. Llevaba el camisón corto de algodón que le marcaba los pezones y el pelo suelto cayéndole sobre los hombros. Lucas ya estaba sentado a la mesa, concentrado en su cacao. Valeria se acercó por detrás a Víctor, le puso una mano en la cintura y le habló al oído, voz baja y ronca, casi en catalán: —Bon dia. Avui comences a aprendre de veritat. Le rozó la polla por encima del bóxer con el dorso de los dedos, un toque leve, casi casual. Víctor se tensó. Ella sonrió contra su nuca y se apartó antes de que él pudiera reaccionar. Durante el desayuno, Valeria no levantó la voz. No hacía falta. Cada vez que Víctor intentaba hablarle a Lucas, ella lo interrumpía con una pregunta inocente: —¿Has dormit bé al sofà, amor? Víctor tragó saliva y asintió. Valeria le sirvió el café y, al pasarle la taza, l...

Una Argentina sin papeles

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El sol de finales de julio todavía pegaba con fuerza cuando el toldo del puesto empezó a ceder. Lucía estaba agachada, guardando unos cuencos de cerámica en una caja de cartón, cuando oyó el crujido. Levantó la vista justo a tiempo de ver cómo uno de los postes laterales se inclinaba hacia dentro. —¡La puta madre! —gritó con su acento argentino bien marcado, mientras intentaba sujetar el poste con las dos manos. No pudo. El peso del toldo y de las estanterías improvisadas pudo más. Todo vino abajo de golpe. Una tabla le golpeó el hombro, otra le rozó la cadera y, al caer de lado, apoyó la mano izquierda con toda la fuerza del cuerpo. Sintió un chasquido seco en la muñeca y un dolor agudo que le subió por el brazo hasta el codo. —¡Lucía, joder! —exclamó Marina desde el otro lado del puesto, con su deje granadino arrastrado—. ¿Estás bien, miarma? Marina tenía el pelo castaño recogido en una coleta alta y desordenada, pendientes largos de plata y una falda larga de flores ya bas...

Incesto en La Mancha (capítulo 2)

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Elena se despertó primero. La luz de la mañana entraba suave por las cortinas entreabiertas. Todavía sentía el cuerpo caliente y sensible por lo que había pasado unas horas antes. Alfredo dormía boca arriba, con un brazo por encima de la cabeza y la sábana apenas cubriéndole las caderas. Ella lo miró un momento. Luego se incorporó despacio, se quitó el camisón que usaba para dormir y se colocó entre sus piernas con cuidado. Sin decir nada, bajó la sábana y sacó su polla. Ya estaba medio dura. Se inclinó y empezó a chupársela despacio, con la boca caliente y húmeda, moviendo la cabeza con calma. Alfredo soltó un gruñido bajo y abrió los ojos. Al ver a Elena entre sus piernas, sonrió con pereza y le pasó una mano por el pelo. —Buenos días… —murmuró con voz ronca. Elena no respondió. Siguió chupándosela un rato más, hasta que la sintió completamente dura y palpitante. Entonces se incorporó, se quitó las bragas y se colocó encima de él. Se agarró de su polla, se frotó un poco c...