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Mostrando entradas de julio, 2026

Incesto en La Mancha (Capítulo 1)- Reescrito

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El piso de Usera olía a humedad y a comida recalentada. Aunque eran solo las ocho de la tarde de un viernes, el calor del verano se había quedado atrapado entre las paredes finas y las ventanas que apenas abrían del todo. La tele del salón estaba encendida a volumen bajo, pero nadie la miraba realmente. Mateo estaba tumbado en el sofá cama, con los auriculares puestos y el móvil en la mano. Tenía diecinueve años, el pelo revuelto y una camiseta holgada. De vez en cuando levantaba la vista hacia el pasillo, como esperando algo. En la habitación del fondo, la única que tenían las dos hermanas, Dayana estaba delante del espejo del armario intentando decidirse entre dos faldas. La habitación era tan estrecha que la cama de matrimonio ocupaba casi todo el espacio. Camila estaba sentada en el borde, ya maquillada, revisando el móvil con expresión cansada. —¿Tú vas a salir otra vez con esa falda tan corta, o qué? —preguntó Camila sin levantar la vista, con su acento venezolano bien marcado. D...

La niñera del Opus

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Elena se despertó con un jadeo ahogado cuando sintió cómo algo grueso, caliente y duro se abría paso dentro de ella sin previo aviso. Abrió los ojos de golpe en la oscuridad de su pequeña habitación. Solo se distinguía el contorno difuso del crucifijo colgado sobre la puerta. Encima de ella estaba Javier, completamente desnudo. Una de sus rodillas le separaba las piernas con firmeza, obligándola a abrirse. Su polla joven ya había entrado varios centímetros y seguía avanzando, lenta pero implacable, estirando su interior todavía seco y apretado. —Javier… —susurró ella con la voz rota por el sueño y la sorpresa—. No… quítate. Para. Intentó empujarlo por el pecho con ambas manos, pero él ni siquiera se inmutó. Le sujetó las dos muñecas con una sola mano y las clavó con suavidad contra la almohada, por encima de su cabeza. Con la otra mano le subió la camiseta de tirantes hasta el cuello y siguió empujando las caderas hacia adelante, centímetro a centímetro, sin prisas. Elena sintió cómo s...

La Campaña (Capítulo 24)

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La Campaña (Capítulo 23)

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El silencio en la sala de reuniones era tan denso que parecía tener peso propio. Víctor seguía de pie, los pantalones a medio subir, la polla todavía medio dura y brillante, un hilo de semen resbalando por el muslo de Noa que seguía de rodillas sobre la moqueta. El aire olía a sexo, a sudor y a la vainilla barata del perfume de Noa. Nadie se movía. Ni siquiera se miraban entre ellos. Solo el zumbido lejano del aire acondicionado y el latido de sus propias respiraciones llenaban el espacio. Valeria fue la primera en reaccionar. Se bajó la falda del vestido con un gesto lento y preciso, como si estuviera recolocando un mantel después de una comida. Se limpió los labios con el dorso de la mano, se colocó bien las gafas y miró a Noa con una calma que helaba. —Ja pots marxar, Noa —dijo en catalán, voz baja pero firme—. Demà seguim. Gràcies. Noa asintió sin decir nada. Se levantó tambaleándose ligeramente, se bajó la falda con manos temblorosas y recogió sus bragas del suelo. No miró a V...

La gitana y el señorito (capítulo 7 - final)

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La boda se celebró a finales de primavera en la iglesia del pueblo, una pequeña pero hermosa construcción de piedra que llevaba siglos en pie. Aunque la familia de Isabel habría preferido una ceremonia en la catedral de Jaén o incluso en Úbeda, Rafael y sus padres optaron por la iglesia local, más cercana al cortijo y más acorde con el carácter de la finca. Isabel llegó en un coche de caballos adornado con flores blancas, acompañada de su padre. Llevaba un vestido de novia de satén marfil con encaje en el escote corazón y mangas tres cuartos. La falda era amplia pero no excesiva, con un ligero vuelo que caía con elegancia. El velo, largo y de tul fino, le cubría el rostro hasta que llegó al altar. Sus amigas, unas seis jóvenes de buena familia sevillana, iban vestidas de forma coordinada pero no idéntica: vestidos largos de seda o chiffon en tonos pastel (azul cielo, malva y rosa palo), con tocados pequeños y guantes cortos. Todas llevaban el pelo recogido y maquillaje discreto, propio...

La Campaña (Capítulo 22)

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 Víctor despertó con la boca seca y la polla ya medio dura contra el bóxer. Valeria se giró hacia él, le rozó el pecho con los dedos y le dio un beso lento en la comisura de la boca, casi tierno. Luego se apartó antes de que él pudiera agarrarla. —Bon dia —murmuró contra su piel, voz ronca y baja—. Encara estàs en quarantena. Avui comença de debò la prenda. Estigues atent. Se levantó sin más. Víctor se quedó mirando el techo, el pulso latiéndole en las sienes. Llevó a Lucas al colegio bajo el sol ya fuerte de media mañana. El patio estaba lleno de gritos de niños y grupos de madres charlando. Víctor sujetaba la mochila de su hijo con una mano mientras Lucas correteaba delante, impaciente por entrar. En la puerta coincidió con Elena. Ella venía caminando desde el otro lado del patio, sudadera oversize gris que no conseguía ocultar del todo las curvas generosas, leggings negros abrazando los muslos y el culo redondo. El pelo rubio recogido en una coleta alta, algunos mechones...

La campaña (Capítulo 21)

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