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Con mamá en la playa nudista 3

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El calor de la tarde todavía asfisiaba dentro del apartamento cuando Laura salió de la ducha. Traía el pelo húmedo y una toalla anudada justo encima de los pechos. Marcos estaba en el sofá, con la mirada perdida en el móvil, aunque no estaba mirando nada en concreto. Desde lo de la tarde el silencio entre los dos se había vuelto estanco. Ella pasó a su lado sin decir nada y entró en el dormitorio. Dejó la puerta entreabierta. Se oyó el ruido de cajones, de ropa moviéndose. Al cabo de unos minutos apareció en el umbral. Llevaba un vestido corto de lino blanco, muy fino, de tirantes. No llevaba sujetador. Se notaba en la forma en que la tela se le pegaba al pecho. El vestido le llegaba a mitad de muslo. En los pies, unas sandalias sencillas. —¿Me veo bien? —preguntó, girando un poco sobre sí misma, con una naturalidad que no terminaba de disimular que le importaba la respuesta. Marcos levantó la vista. Tragó saliva. —Sí… te queda bien. Laura sonrió de lado, como si hubi...

La campaña 35

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Víctor se despertó alrededor de las siete de la mañana con una resaca espesa y desagradable. La cabeza le latía con fuerza y tenía la boca seca. Se quedó un momento tumbado en la cama, mirando el techo, intentando recordar todo lo que había pasado la noche anterior. A su lado, las dos hermanas seguían dormidas. Valeria estaba de lado, de espaldas a él, con el pelo revuelto sobre la almohada. Carla dormía boca arriba, una pierna fuera de la sábana, completamente desnuda. El olor a sexo, sudor y alcohol flotaba aún en la habitación. Víctor se levantó con cuidado, fue al baño y se miró en el espejo. Tenía los ojos enrojecidos y la barba crecida. Se lavó la cara con agua fría, se cepilló los dientes y se orinó. Cuando volvió al dormitorio, se quedó un momento de pie junto a la cama, observándolas. Las dos estaban desnudas. Las sábanas estaban revueltas y medio tiradas al suelo. La luz de la mañana entraba tenue por las persianas entreabiertas, iluminando sus cuerpos. Se le puso dur...

Incesto en la Mancha 5

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Mateo abrió los ojos con la boca seca y la sensación de no haber dormido casi nada. La habitación olía a su madre y a Alfredo. Se quedó un rato tumbado, mirando el techo, repitiendo mentalmente lo que había visto la noche anterior: sus hermanas desnudas, Ezequiel encima de ellas, los gemidos, el semen. Se pasó una mano por la cara y se obligó a levantarse. Salió al pasillo en silencio. El piso estaba en penumbra. Al cruzar el salón de camino a la cocina, se detuvo en seco. Dayana y Camila seguían en el sofá, completamente desnudas. Ezequiel estaba tirado en el suelo, también desnudo, con una manta a medio echar encima. La luz que entraba por la ventana entreabierta dejaba ver con claridad los cuerpos de sus hermanas: los pechos de Dayana aplastados contra el sofá, la curva de la cadera de Camila, el vello púbico, las marcas rojas en la piel. Mateo se quedó mirando más tiempo del que debería. Camila fue la primera en abrir los ojos. Parpadeó un par de veces, todavía aturdida, hasta ...

Con mamá en la playa nudista- Capitulo 2

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 Marcos estaba tirado en el sofá mirando su movil cuando Laura le llamó desde el dormitorio. —Ven un segundo. No llego bien al gancho. Él apareció en el umbral todavía con la camiseta de dormir y el pelo revuelto. Ella estaba de espaldas, el bikini negro a medio poner. Se había abrochado el sujetador por detras y ahora intentaba subirlo y ajustarlo a la altura correcta, pero el elástico se le resistía entre los omóplatos. Marcos se acercó sin decir nada. Le sujetó las dos tiras con los dedos y subió el gancho un punto. La piel de la espalda de su madre estaba todavía caliente de la cama.  —¿Has hablado con tu padre? —preguntó ella mientras se miraba de reojo en el espejo del armario—. Después de lo de anoche. Marcos tardó un segundo en contestar. Las manos todavía le rozaban la espalda. —No. Laura se giró un poco para que él terminara de centrar el sujetador. —¿Ni siquiera le has contestado a los mensajes? Él negó con la cabeza. Ella no insistió de inmediato. Se acomodó los pe...

La campaña 34

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Los días siguientes fueron tensos pero productivos. En la agencia, Víctor, Noa y Lia trabajaron casi sin descanso para rehacer el material filtrado y preparar una presentación decente para la reunión del lunes con los americanos. Pasaron horas revisando archivos, reescribiendo testimonios y ajustando detalles. El ambiente entre los tres era extraño: profesional por fuera, pero cargado de lo que había ocurrido en aquella sala de reuniones. Lia apenas levantaba la vista del ordenador y hablaba lo justo. Noa era más fría y distante de lo habitual, aunque obedecía sin rechistar. Víctor los dirigía con una frialdad casi mecánica, como si estuviera funcionando en piloto automático. El viernes por la mañana consiguieron cerrar una versión presentable. No era perfecta, pero era lo suficientemente sólida como para no quedar en ridículo. Cuando salieron de la agencia aquella tarde, los tres estaban agotados mentalmente. Víctor llegó a casa, se duchó y se cambió. Valeria ya estaba lista. Ll...