La campaña (capitulo 28)

La tarde transcurrió con una normalidad forzada. Después de comer, Lucas pidió ver una película y los dos aceptaron sin discutir. Se sentaron los tres en el sofá del salón, Lucas en medio, con la manta encima de las piernas. Valeria eligió una de dibujos animados que el niño ya había visto varias veces. Nadie comentó nada.

Víctor intentaba concentrarse en la pantalla, pero sentía el cuerpo de Valeria a pocos centímetros del suyo. Ella tampoco parecía estar viendo la película. De vez en cuando se removía, cruzaba y descruzaba las piernas, y su mano descansaba en el muslo de Lucas con una rigidez que no era natural.

Cuando terminó la película, Lucas se quedó dormido en el sofá. Valeria lo cargó en brazos y lo subió a la cama sin decir una palabra. Víctor se quedó abajo, recogiendo los vasos y apagando la televisión. Oyó cómo ella cerraba la puerta del dormitorio del niño con cuidado.

Bajó unos minutos después.

Llevaba un conjunto de lencería negro sencillo: sujetador de encaje y unas bragas a juego que le marcaban las caderas. No era nada especialmente provocador, pero en el contexto de las últimas semanas, resultaba casi agresivo. Se acercó al sofá sin prisas y se sentó a horcajadas sobre las piernas de Víctor.


Ninguno de los dos dijo nada.

Valeria se inclinó hacia delante y lo besó. Fue un beso lento, casi cuidadoso, como si estuviera probando el terreno. Víctor respondió, pero sin urgencia. Ella bajó la mano y le desabrochó los pantalones cortos, metiendo la mano dentro y sacando su polla. Empezó a masturbarlo con movimientos firmes y constantes, mirándolo a los ojos sin expresión.

Cuando estuvo completamente duro, Víctor intentó bajarle las bragas. Valeria se levantó un segundo para ayudarle y luego se quedó de pie frente a él, con las piernas ligeramente abiertas. Víctor se inclinó hacia delante e intentó lamerla por encima de la tela, pero ella le puso una mano en la cabeza y lo apartó con suavidad.

—No —dijo en voz baja.

Se subió de nuevo a horcajadas sobre él. Se bajó las bragas ella misma, las dejó en un tobillo y se agarró la polla de Víctor para colocársela en la entrada. Bajó despacio, hasta que lo sintió todo dentro. Empezó a moverse con un ritmo lento y pesado, apoyando las manos en el respaldo del sofá a ambos lados de su cabeza. El sofá crujía con cada movimiento.


Los dos gemían muy bajito, casi sin voz. Era un sexo silencioso, casi mecánico. No había besos. Solo el sonido húmedo de su coño bajando y subiendo y el crujido constante del sofá.

Valeria se detuvo de repente. Se quedó quieta un momento, con la polla de Víctor todavía dentro de ella, respirando agitada. Luego se levantó despacio y se dio la vuelta. Se colocó de espaldas a él, a horcajadas sobre sus piernas, en posición de vaquera inversa. Apoyó las manos en las rodillas de Víctor y arqueó la espalda.

—Quiero sentirte en el culo —dijo en voz baja, sin mirarlo.

Víctor se quedó en silencio. Valeria se incorporó un poco, agarró su polla con la mano derecha y se la colocó contra el ano. Estaba completamente seco. No había lubricante. No había preparación.
Intentó bajar. Al principio solo rozó. Cuando empezó a presionar de verdad, soltó un gemido ahogado de dolor. El anillo se resistía. Valeria apretó los dientes y siguió bajando, milímetro a milímetro, controlando ella misma la profundidad. Cada vez que avanzaba un poco, su respiración se cortaba en un jadeo entrecortado.

—Joder… —susurró, voz rota.

Siguió bajando. El dolor era evidente en la forma en que le temblaban los muslos y en cómo apretaba los dedos contra las rodillas de Víctor. Cuando por fin consiguió que la cabeza pasara el anillo, se quedó completamente quieta, temblando, con la respiración entrecortada. Las lágrimas ya le caían por las mejillas.


No dijo nada. Siguió bajando, muy despacio, controlando ella misma cuánto entraba. Cada centímetro le provocaba un gemido ahogado de sufrimiento. Cuando por fin estuvo completamente dentro, se quedó sentada sobre él, inmóvil, con la espalda arqueada y las manos apoyadas en las rodillas de Víctor. Las lágrimas le resbalaban por la cara y caían sobre el pecho de él.

Víctor le desabrochó el sujetador por la espalda. Las copas se aflojaron y los pechos de Valeria cayeron libres. Él los agarró desde detrás con ambas manos, sosteniéndolos mientras ella empezaba a moverse.
Valeria se movía muy despacio al principio, subiendo apenas unos centímetros y volviendo a bajar, controlando siempre la profundidad. Cada movimiento le arrancaba un gemido entre dolor y algo más oscuro. Poco a poco fue aumentando el ritmo, todavía con lágrimas en la cara. El sofá crujía con cada movimiento. Ella gemía en voz baja, casi sin control, pero seguía moviéndose, como si necesitara castigarse a sí misma.



Víctor la follaba desde abajo, agarrándole los pechos con fuerza, sintiendo cómo ella temblaba entre sus manos. Valeria ya no intentaba contener los sonidos. Cada vez que bajaba del todo, soltaba un gemido roto que sonaba a dolor y a algo que se parecía peligrosamente a placer.

Víctor no aguantó mucho más. Se corrió dentro de ella con un gruñido sordo, llenándole el culo mientras ella seguía moviéndose unos segundos más, como si no pudiera parar. Cuando sintió los chorros calientes dentro, Valeria se quedó quieta un momento… y luego se levantó de golpe.

La polla de Víctor salió de su culo con un sonido húmedo. Valeria se bajó del sofá, se dejó caer al suelo y se hizo un ovillo, abrazándose las rodillas contra el pecho. Empezó a llorar de verdad, con sollozos profundos y descontrolados, el cuerpo temblando entero.

Víctor se quedó sentado en el sofá, todavía con la polla fuera, mirándola.

—Ey… —dijo en voz baja, confuso—. Ey, cariño… ¿qué pasa?

Valeria no respondió al principio. Siguió llorando, con la cara escondida entre los brazos. Cuando por fin habló, su voz salió rota, entrecortada por los sollozos.

—¿Por qué lo hiciste con Carla? —preguntó sin mirarlo.

Víctor no supo qué decir.

Valeria levantó la cabeza. Tenía los ojos enrojecidos, las mejillas mojadas y una expresión de dolor que él no le había visto nunca.

—Llevamos toda la vida descubriendo las cosas juntos —dijo, voz temblorosa—. Todo. Lo bueno y lo malo. Y ahora… ¿por qué lo has hecho primero con ella? ¿Por qué has follado el culo de mi hermana antes que el mío?

Se quedó mirándolo, esperando una respuesta que Víctor no tenía.

El silencio que siguió fue mucho más pesado que cualquier grito.

________

Si has llegado hasta aquí y estás disfrutando de la serie, por favor vuelve a todorelatos y valora positivamente el relato para seguir teniendo visibilidad Todorelatos

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que no se nombra (capitulo 1) ACTUALIZADO CON VIDEOS

Lo que no se nombra (capitulo 5) ACTUALIZADO CON VIDEOS

Lo que no sé nombra (Capitulo 2)