Lo que no se nombra (capitulo 12)

Laura esperó el momento perfecto.
Una tarde en la que Alejandro había salido a una reunión y Marta estaba en casa ayudándola con la colada, Laura se sentó en el sofá con la bata rosa entreabierta, el vientre enorme y los pechos pesados a la vista. Marta estaba doblando ropa a su lado, tensa, evitando mirarla directamente.
—Estás muy callada últimamente, hija —dijo Laura con voz suave, casi preocupada—. ¿Va todo bien con Alejandro?
Marta se puso roja hasta las orejas y siguió doblando una camiseta sin responder.
Laura suspiró, como si le costara hablar.
—Los hombres… especialmente cuando están estresados, necesitan sentirse deseados. Necesitan que les demuestren que los queremos. A veces con cosas que nosotras, por vergüenza, no nos atrevemos a hacer. —Hizo una pausa larga y añadió, casi en un susurro—: Yo, cuando estaba embarazada de Alejandro, aprendí que a veces lo más sencillo es lo que más les gusta. Un momento robado… en el baño, por ejemplo. Donde nadie nos oye. Solo nosotros.
Marta no dijo nada, pero Laura vio cómo se le tensaban los hombros y cómo tragaba saliva.
—No te estoy diciendo que hagas nada que no quieras —continuó Laura con tono maternal—. Solo… que a veces, para retener a un hombre como él, hay que ser un poco más valiente.
Esa misma noche, Marta tomó la decisión.
Alejandro acababa de llegar de trabajar. Estaba cansado, frustrado. Marta lo esperó en la cocina, nerviosa, con el corazón latiéndole muy fuerte. Cuando él fue al baño a ducharse, ella esperó unos minutos y entró detrás sin llamar.
Alejandro se sorprendió al verla. Estaba desnudo bajo el agua. Marta cerró la puerta con pestillo, se arrodilló en el suelo de baldosas y, sin decir una palabra, le cogió la polla aún blanda y se la metió en la boca.
Alejandro soltó un gemido de sorpresa y placer.
—Marta… joder…
Ella no habló. Solo chupó. Torpe al principio, nerviosa, pero decidida. Quería hacerlo bien. Quería ser suficiente. Le lamió los huevos, le chupó la cabeza con fuerza, intentó metérsela más profundo aunque le diera arcadas. Alejandro le puso una mano en el pelo, guiándola, cada vez más duro.
—Así… así, cariño… —gruñó él, sorprendido y excitado.
Marta tragó cuando se corrió, sintiendo cómo los chorros calientes le bajaban por la garganta. Se quedó de rodillas unos segundos más, limpiándolo con la lengua, con los ojos llenos de lágrimas que no quería que él viera.
Cuando salió del baño, Marta se sentía sucia. Peor que sucia. Humillada. Como si hubiera cruzado una línea que no quería cruzar, pero que creía que tenía que cruzar.
Esa noche, en la cama nido, Marta se quedó muy callada. Alejandro intentó abrazarla, cariñoso después de lo del baño, pero ella se apartó con suavidad.
—¿Estás bien? —preguntó él, preocupado.
Marta asintió sin mirarlo.
Al día siguiente, Alejandro notó que algo no iba bien. Marta estaba más ausente, más frágil. Apenas hablaba. Se sobresaltaba cuando Laura entraba en la habitación. Parecía a punto de romperse.
Por la noche, mientras cenaban los tres, Alejandro tomó una decisión.
—Marta, creo que deberíamos volver a nuestro apartamento —dijo de repente—. Esto nos está pasando factura. Necesitamos estar solos.
Marta levantó la vista, sorprendida. Miró a Laura un segundo y luego bajó la mirada.
—No podemos dejarla sola ahora… —murmuró—. Está muy cerca del parto.
—Pueden venir tus padres por el día —insistió Alejandro—. Pero por las noches me quedaré yo aquí, por si hay que llevarla al hospital de urgencia. Tú descansas en casa y yo vengo a dormir aquí.
Marta se quedó callada un largo rato. Sabía que era lo lógico. Sabía que era lo que tenía que decir. Pero la idea de que Alejandro durmiera aquí todas las noches, solo con Laura, le provocó un nudo en el estómago.
Al final asintió, con la voz muy baja.
—Está bien.
Laura, desde el otro lado de la mesa, sonrió con suavidad, casi imperceptiblemente, mientras se acariciaba el vientre.
Esa noche, cuando se acostaron, Marta se quedó mirando el techo durante horas, con el corazón acelerado y una sensación de que todo se estaba escapando de sus manos.
Y Laura, en su habitación, sonrió en la oscuridad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que no se nombra (capitulo 1) ACTUALIZADO CON VIDEOS

Lo que no se nombra (capitulo 5) ACTUALIZADO CON VIDEOS

Lo que no sé nombra (Capitulo 2)