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Mostrando las entradas etiquetadas como amor filial

Con mamá en la playa nudista 8

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Seguían tumbados en el suelo del salón, abrazados. El vestido azul marino de Laura estaba subido hasta la cintura. Marcos tenía la cara escondida en el hueco de su cuello y un brazo rodeándole la espalda. Los pantalones cortos de deporte le quedaban bajados a medias. Ninguno de los dos se había movido desde que terminaron. Solo se oía la respiración de los dos y, de fondo, el zumbido lejano de algún electrodoméstico. Laura fue la primera en hablar. La voz le salió baja, casi cuidadosa. —Marcos… escúchame. Él no levantó la cabeza. Solo apretó un poco más los dedos contra su espalda. —Yo también lo quería —continuó ella—. No me forzaste. No pienses eso ni un segundo. Los dos estábamos… rotos. Tú con lo de tu padre. Yo con todo lo demás. Necesitábamos esto. Los dos. Se quedó callada un momento, buscando las palabras. —Pero no puede volver a pasar. No puede. Soy tu madre. Y tú… tú tienes que vivir cosas normales. Con chicas de tu edad. Marcos levantó por fin la cara. Tenía los ojos oscuros...

El Búnker: la mano (2)

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Alba se despertó antes de que sonara el temporizador, con la sensación de que la noche no había acabado de irse. El cubículo olía a humedad y a la sábana de siempre. Las gafas estaban en el borde de la litera, dobladas. Se las puso. El mundo volvió a tener bordes. Se vistió de espaldas a la abertura, la camiseta corta, el chándal gris, como si Leo pudiera estar ya en el pasillo. Al vestirse le dolió el canto de la nalga, el cardenal del acero de la encimera de la cocina. Entre las piernas, al cerrar el elástico, un roce de tela que ya no era solo tela. En la cocina él había puesto dos raciones. El cubo del filtro, en su sitio. Nada fuera de lugar excepto el silencio, que era el de siempre y no lo era. —Buenos días. —Buenos días. Leo no le buscó la cara. Miró la mesa. Tenía el pelo mojado. Se había lavado. Comieron. El metal de la cuchara contra el metal del plato. Alba habló de la junta del conducto que perdía un hilo de aire y de la lista de la semana. Él asintió. Dijo que lo ...

El bunker -1: El beso

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Con mamá en la playa nudista - 7

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 Laura abrió la puerta de la habitación de Marcos sin llamar. La cama estaba deshecha. La sábana arrugada hacia un lado, la almohada en el suelo, el armario entreabierto. No había mochila. No había camiseta tirada en la silla. Empujó la puerta del baño. Vacío. La toalla de él seguía seca en el gancho. —Marcos —llamó, sin gritar. Nadie contestó. Recorrió el pasillo descalza, el vestido de dormir todavía puesto. En el salón las persianas seguían bajadas a medias. La cocina olía solo a la noche anterior. La cafetera apagada, el fregadero vacío. Salió a la terraza. La silla donde él solía sentarse a mirar el mar estaba corrida hacia la barandilla, pero no había nadie. Volvió a entrar. Se quedó un momento en medio del salón, escuchando el silencio del apartamento como si todavía pudiera encontrar un ruido escondido. Después fue a su propia habitación, se quitó el camisón y se puso el bikini negro con movimientos rápidos, casi mecánicos. Encima el vestido blanco. Sandalias. Cogió las lla...

Incesto en La Mancha 8

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Con mamá en la playa nudista 6

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Laura subió las escaleras con las piernas torpes. El vestido se le pegaba a los muslos por el sudor y por lo que todavía le resbalaba entre las piernas. Abrió la puerta del apartamento y la cerró a sus espaldas sin hacer ruido. Marcos ya estaba dentro. Estaba de pie en medio del salón, con la luz de la cocina encendida a su espalda. No estaba sentado. No estaba bebiendo agua. Simplemente la esperaba. Se miraron. El silencio se hizo inmenso de inmediato, casi físico. Él habló primero. La voz le salió baja y plana: —Te vi. Laura sintió que el estómago se le cerraba. Por un segundo no supo qué decir. Después intentó recuperar el control. Forzó una explicación de confusión. —¿Ah, sí? —contestó, con un tono que pretendía ser ligero—. En el chiringuito. Fui a tomarme algo. Te iba a decir si me acompañabas, pero te vi tan bién acompañado. Marcos no se movió. Solo la miró con más intensidad. —No en el chiringuito —dijo—. En la playa. Ella abrió un poco más los ojos, como si n...