Lo que no se nombra (capitulo 8)
Entre el tercer mes de embarazo y el quinto, las cosas avanzaron con una calma engañosa. Alejandro siguió evitando estar a solas con su madre todo lo que pudo, aunque las comidas de los domingos se volvieron cada vez más tensas para él. Laura, por su parte, parecía haber aceptado un rol más discreto. Llamaba menos y, cuando lo hacía, siempre lo hacía en horario seguro. Marta, ajena a todo, seguía ilusionada con la idea de convertirse en “segunda madre” del bebé. A finales del cuarto mes, Laura llamó un jueves por la tarde. El embarazo era de riesgo. El médico le había recomendado reposo absoluto y le había dado la baja hasta el parto. Cuando lo contó en la comida del domingo, Marta no dudó ni un segundo. —Entonces nos mudamos contigo —dijo sin titubear—. Así podemos cuidarte. No tiene sentido que estés sola en casa todo el día. Alejandro se atragantó con el agua. Miró a su madre, que sostenía su mirada con una expresión tranquila, casi serena. —No hace falta —intentó decir él—. Podemos...