La fiesta de Halloween
La polla entró de un empujón seco, profundo, sin aviso. Clara soltó un jadeo ahogado y abrió las manos contra la pared. Él la había atrapado por detrás mientras removía entre los abrigos buscando el móvil. Una mano le había subido la falda del disfraz hasta la cintura, la otra le había bajado la braga y las medias de rejilla con un tirón seco, y antes de que pudiera girarse ya la tenía abierta y clavada contra la pared. —Joder, cariño… —susurró ella, la voz pastosa por el alcohol—. ¿Qué te pasa esta noche? ¿Qué te has tomado? Él no contestó. Solo empujó más hondo. Clara sintió cómo se abría alrededor de esa polla gruesa y caliente, cómo el estiramiento le subía por la tripa. Estaba un poco seca todavía, pero el alcohol y la sorpresa le habían dejado el cuerpo receptivo, blando, dispuesto. Apoyó la frente en la pared y abrió un poco más las piernas. —Por esto querías que subiera a por tu móvil, ¿verdad? —dijo entre risas bajas—. Qué puta idea más buena… Él soltó un “...