Con mamá en la playa nudista 3
El calor de la tarde todavía asfisiaba dentro del
apartamento cuando Laura salió de la ducha. Traía el pelo húmedo y una toalla
anudada justo encima de los pechos. Marcos estaba en el sofá, con la mirada
perdida en el móvil, aunque no estaba mirando nada en concreto. Desde lo de la
tarde el silencio entre los dos se había vuelto estanco.
Ella pasó a su lado sin decir nada y entró en el dormitorio.
Dejó la puerta entreabierta. Se oyó el ruido de cajones, de ropa moviéndose. Al
cabo de unos minutos apareció en el umbral.
Llevaba un vestido corto de lino blanco, muy fino, de
tirantes. No llevaba sujetador. Se notaba en la forma en que la tela se le
pegaba al pecho. El
vestido le llegaba a mitad de muslo. En los pies, unas sandalias sencillas.
—¿Me veo bien? —preguntó, girando un poco sobre sí misma,
con una naturalidad que no terminaba de disimular que le importaba la
respuesta.
Marcos levantó la vista. Tragó saliva.
—Sí… te queda bien.
Laura sonrió de lado, como si hubiera esperado exactamente esa torpeza, y se acercó a él. Le pasó una mano por el pelo, despeinándolo un poco más.
—Ponte algo decente. No muy formal, pero tampoco salgas con la camiseta de dormir. Esta noche vamos a tomar algo.
Él abrió la boca para protestar, pero ella ya se había girado hacia la cocina.
—Solo un par de copas —añadió mientras sacaba una botella de vino blanco de la nevera—. Hace demasiado calor para quedarnos aquí mirando el techo. Además, te vendrá bien ver gente de tu edad.
Marcos se levantó sin demasiado entusiasmo y fue a su habitación. Mientras se cambiaba oía a su madre abrir la botella y servirse una copa de vino blanco. Cuando volvió a salir, ella ya se había bebido casi la mitad y estaba sirviéndose un poco más.
—¿Tú no bebes? —le preguntó, tendiéndole una copa.
Él negó con la cabeza. Laura se encogió de hombros y se bebió un sorbo largo. Se le veía más suelta que por la tarde. Las mejillas le habían tomado un poco de color.
—Pues yo sí. Hoy me apetece.
Se terminó la copa con calma, dejó el vaso en la encimera y cogió el bolso.
—Vamos. Antes de que me arrepienta y prefiera quedarme en la terraza.
Marcos la siguió hasta la puerta. Al salir, notó el olor de su perfume mezclado con el del vino. Iba un paso detrás de ella por el pasillo del edificio, mirando la forma en que el vestido se le pegaba al culo con cada escalón.
El chiringuito estaba más lleno de lo que Marcos esperaba. Había mesas fuera, una barra larga de madera y una zona un poco más apartada donde la gente bailaba sobre la arena compactada. La música no era demasiado alta, pero sí constante.
Laura pidió una copa de vino blanco para ella y una cerveza para él, aunque Marcos apenas le dio un trago. Se quedaron de pie cerca de la barra. Ella miraba alrededor con esa mezcla de curiosidad y despreocupación que le había salido desde que llegaron a Vera. Él, en cambio, solo miraba las manos de los tíos que se giraban cuando ella pasaba.
No tardaron en aparecer.
Los tres de la mañana estaban en una mesa cerca de la zona de baile. El más alto fue el primero en reconocerla. Levantó la mano y sonrió con demasiada confianza. Laura le devolvió el gesto y, sin consultar a Marcos, se acercó.
—Mira quién volvió —dijo el alto cuando llegaron—. Pensamos que os habíais cambiado de playa.
Laura se rió, un poco más abierta de lo habitual.
—Solo necesitábamos una ducha y algo frío. ¿Cómo os llamáis finalmente? Antes se me olvidó preguntar.
Se presentaron. El alto se llamaba Iván. El de pelo rizado, Dani. El tercero, más callado, Javi. Iván le ofreció una silla a Laura, pero ella negó con la cabeza y se quedó de pie, cerca de la mesa. Marcos se situó un poco detrás, con la cerveza sudando entre las manos.
La conversación empezó ligera: el calor, los mejores chiringuitos de la zona, si pensaban quedarse toda la semana. Laura contestaba con soltura, reía más de la cuenta y se pasaba la mano por el pelo con frecuencia. Cada vez que se reía, el vestido se le tensaba un poco sobre el pecho. Iván no disimulaba la mirada. Tampoco Dani.
Al cabo de un rato Laura se terminó la copa y pidió otra. Cuando la música cambió a algo más rítmico, Iván se levantó y le tendió la mano.
—¿Bailas o solo has venido a hacer de madre?
Laura levantó una ceja, miró a Marcos un segundo y después aceptó la mano de Iván.
—Un rato. Solo un rato.
Se fueron hacia la zona de baile. Marcos se quedó junto a la mesa con los otros dos, fingiendo que miraba el móvil. Desde allí se veía perfectamente cómo Laura se movía. Al principio el baile era ligero, casi educado. Después Iván le puso una mano en la cintura y ella no se apartó. Al contrario: se acercó un poco más.
Dani se levantó también y se unió. Durante unos segundos Laura quedó entre los dos. Iván por delante, Dani justo detrás. Ella levantó los brazos y se dejó llevar, moviendo las caderas con una soltura que Marcos no le había visto nunca. El vestido subía un poco con cada movimiento. Las manos de Dani bajaron hasta quedarse en sus caderas. Iván decía algo cerca de su oreja y ella se reía, echando la cabeza hacia atrás.
Marcos apretó la botella con tanta fuerza que le dolieron
los nudillos. Tenía la polla completamente dura dentro del pantalón y una rabia
caliente subiéndole por el pecho. No sabía si quería ir a sacarla de allí o
quedarse mirando hasta que le dolieran los ojos.
Laura giró la cabeza en un momento y lo buscó con la mirada.
Lo encontró. No dejó de bailar. Solo le sostuvo la vista un segundo, con las
mejillas sonrojadas por el alcohol y el calor, y después volvió a girarse hacia
Iván.
Laura bailó más tiempo del que había dicho.
Entre canción y canción pedía otra copa. Ya no era solo el
vino: había pasado a combinados más fuertes. Se le notaba en la risa, en la
forma en que se apoyaba en los chicos y en cómo el vestido se le había ido
subiendo casi sin que ella lo corrigiera. Iván le hablaba cada vez más cerca de la boca, casi rozando sus labios. En un momento concreto Laura giró el cuerpo y quedó atrapada
entre los dos, moviéndose al ritmo, rozándoles con el culo y con el pecho sin
ninguna vergüenza.
Marcos se sentía atrapado en la barra. Solo miraba. Cada vez que uno de ellos rozaba a su madre, sentía un tirón en el estómago que era mitad rabia y mitad algo
mucho más oscuro.
Cuando por fin Laura se separó de ellos, traía las mejillas
encendidas y una sonrisa un poco torcida. Se acercó a Marcos, le quitó la
botella de las manos y bebió un trago largo.
—Estás muy serio —le dijo, cerca, oliendo a alcohol y a
perfume—. ¿Te está fastidiando que baile?
Él no contestó. Solo la miró. Ella sostuvo la mirada un
segundo y después soltó una risa baja, casi pícara.
—Vamos. Se está haciendo tarde.
Se despidió de los tres con un gesto de la mano, demasiado
familiar, y salió del chiringuito delante de él. El calor había bajado un poco y la brisa del mar se agradecia en la cara. Caminaron por la calle en silencio durante un rato. Laura
iba un poco inestable, pero no lo suficiente como para parecer borracha del
todo. Solo más suelta.
—Me lo he pasado bien —dijo de pronto, sin mirarlo—. Hacía
tiempo que no bailaba así. Sin pensar en si quedaba bien o mal.
Marcos respondió cortante.
—Se te notaba.
Ella giró un poco la cabeza hacia él y sonrió de lado.
—¿Celoso?
No esperó respuesta. Siguió caminando. Marcos iba medio paso detrás. No podía dejar de mirar la forma en que se le marcaban las nalgas bajo la
tela fina del vestido. Tenía la sensación de que, si alargaba la mano, podría tocarla sin
que ella se apartara.
Llegaron al portal en silencio. Subieron las escaleras.
Laura abrió la puerta del apartamento, entró y se quitó las sandalias de un
empujón. El vestido se le había quedado un poco torcido. Se pasó las manos por
el pelo y se giró hacia Marcos, que cerraba la puerta detrás de él.
—Ven aquí.
No era una petición. Él se acercó. Laura le puso las manos
en el pecho y lo empujó suavemente hasta que su espalda tocó la pared del
pasillo. Se quedó muy cerca. Olía a alcohol.
—Toda la noche te he sentido mirándome —dijo en voz baja—. Y
no era solo enfado.
Marcos tragó saliva. Ella bajó una mano y le palpó la
erección por encima del pantalón, sin ningún disimulo.
—¿Ves? —susurró—. Esto no es solo celos.
Le desabrochó el botón y bajó la cremallera con torpeza,
como quien tiene un poco de prisa y bastante alcohol en la sangre. Metió la
mano dentro, le sacó la polla y la rodeó con los dedos. Estaba completamente
dura.
Laura se arrodilló delante de él sobre el suelo del pasillo.
El vestido se le subió hasta la cadera. Sin ninguna prisa, acercó la cara a la polla de
Marcos y la olió primero, como reconociéndola. Después sacó la lengua y le dio
un lametón lento desde la base hasta la punta, recogiendo el precum que ya se
le había acumulado.
Marcos soltó un temblor y apoyó la cabeza contra la pared. Laura rodeó el glande con los labios y se lo metió en la boca con cuidado, solo la cabeza al principio. Chupó con suavidad, moviendo la lengua en círculos por debajo, mientras con una mano le sujetaba la base. El calor de su boca era húmedo, cerrado, imperfecto por el alcohol, pero intenso. Marcos miró hacia abajo y la vio: los ojos medio cerrados y la lengua jugando con su polla.
Empezó a bajar más. Tomó más longitud, despacio, hasta que la punta le rozó el fondo de la boca. Se detuvo ahí, respirando por la nariz, y después subió otra vez, dejando la polla brillante de saliva. Repitió el movimiento, cada vez un poco más profundo. Se oía el sonido húmedo, el leve ahogo cuando lo intentaba tomar entero, y la respiración agitada de Marcos encima de ella.
Laura se apartó un segundo, un hilo de saliva uniendo sus
labios a la punta, y miró hacia arriba.
—Estás muy duro… —dijo con la voz pastosa—. Toda la noche
así, ¿verdad?
No esperó respuesta. Volvió a metérsela en la boca, esta vez
con más ganas. Empezó a chupar de verdad: ritmo constante, mano en la base
subiendo y bajando al mismo tiempo, lengua trabajando la parte de abajo. De vez
en cuando se detenía en el glande y lo succionaba con fuerza, provocándole un
jadeo. Marcos le puso una mano en la cabeza, sin empujar, solo para sentir el
movimiento. Los dedos se le enredaron en el pelo de ella.
Laura aceleró. Ya no había tanta delicadeza. Chupaba con más
profundidad, dejando que la saliva le resbalara por la polla y le cayera a las
pelotas. Se oyó un sonido más sucio, más rápido. Marcos sentía el calor
subiéndole por la espalda, el nudo en la base de la polla. Ella lo notó. En
lugar de apartarse, bajó todo lo que pudo, hasta casi tocarle el pubis con la
nariz, y se quedó ahí, tragando alrededor de él, mientras con la mano libre le
acariciaba las pelotas.
—Mamá… —consiguió decir él, la voz rota.
Ella soltó la polla solo lo justo para hablar, sin dejar de
masturbarlo con la mano:
—Córrete. En la boca.
Y se la volvió a meter entera.
Marcos no aguantó más. Le agarró la cabeza con las dos manos
y empujó las caderas hacia delante, corriéndose con un gemido largo y bajo. Los
chorros le golpearon la garganta. Laura se atragantó un poco, pero no se
apartó. Trató de tragar, aunque parte del semen se le escapó por la comisura de
los labios y le bajó por la barbilla. Siguió chupando suavemente mientras él
terminaba de vaciarse, sacándole hasta la última gota.
Cuando por fin se separó, tenía los labios hinchados,
brillantes, y un hilo blanco resbalándole hasta el cuello. Se pasó el dorso de
la mano por la boca, se limpió como pudo y se quedó mirando la polla de Marcos,
todavía semidura y húmeda, con una expresión difícil de leer: mezcla de deseo,
alcohol y algo parecido a la sorpresa de sí misma.
Se levantó con un poco de dificultad. El vestido le quedó
torcido. Se acercó a Marcos, que seguía apoyado en la pared, respirando como si
hubiera corrido, y le dio un beso lento en la boca. Él notó el sabor de su
propio semen en la lengua de ella.
Laura se separó apenas, con la frente apoyada en la suya.
—Esto… —susurró, casi para sí misma— ya no era solo
ayudarte.
Me encanta la modelo que usas en las fotos y mini videos
ResponderEliminarGracias Miguel. No es una modelo real, es generada por IA. Cualquier parecido es pura coincidencia
EliminarQué modelo de IA usas? La historia me encanta
ResponderEliminarLas imágenes de base (los personajes) las genero con IA convencional GROKo ChatGPT. Luego las escenas sexuales las genero con diferentes modelos disponibles en Hugging Face
EliminarEl relato y las fotos estupendos, como siempre, solo un pequeño error de compaginación: Cuando entran a la habitación ella se saca las sandalias, y en la foto aparece con las sandalias puestas !!!! Fijate lo que miro ja ja ja
ResponderEliminarJajaja. Sí. Te voy a nombrar el especialista de raccord del blog. Muchas veces pasan estas cosas al generar las imágenes, cosas de vestuario que aparecen o desaparecen sin que tu le des la orden, posiciones que son muy complicadas de generar, y al final me es más sencillo cambiar el texto que la imagen. Pero esta vez a mi se me pasó. Muchas gracias por tu comentario
EliminarMuy bueno este blog está buenísimo ojalá que no sea como otros que enseguida lo asen para sacar un beneficio económico propio.
ResponderEliminarTe abrazo y ojalá sean con más éxitos cargados de.morbo como este
Brillante. Me encanta que se incluyan imágenes y vídeos.
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