La campaña 35

Víctor se despertó alrededor de las siete de la mañana con una resaca espesa y desagradable. La cabeza le latía con fuerza y tenía la boca seca. Se quedó un momento tumbado en la cama, mirando el techo, intentando recordar todo lo que había pasado la noche anterior.

A su lado, las dos hermanas seguían dormidas.

Valeria estaba de lado, de espaldas a él, con el pelo revuelto sobre la almohada. Carla dormía boca arriba, una pierna fuera de la sábana, completamente desnuda. El olor a sexo, sudor y alcohol flotaba aún en la habitación.

Víctor se levantó con cuidado, fue al baño y se miró en el espejo. Tenía los ojos enrojecidos y la barba crecida. Se lavó la cara con agua fría, se cepilló los dientes y se orinó. Cuando volvió al dormitorio, se quedó un momento de pie junto a la cama, observándolas.

Las dos estaban desnudas. Las sábanas estaban revueltas y medio tiradas al suelo. La luz de la mañana entraba tenue por las persianas entreabiertas, iluminando sus cuerpos.

Se le puso dura casi al instante.

Se acercó despacio a Valeria. Se arrodilló al lado de la cama, le abrió las piernas con cuidado y hundió la cara entre sus muslos. Empezó a lamerle el coño despacio, con la lengua plana, saboreando el sabor que aún quedaba de la noche anterior. Valeria soltó un suspiro largo en sueños, pero no se despertó.

Con la mano derecha, Víctor se estiró hacia Carla. Le abrió las piernas también y empezó a frotarle el clítoris con dos dedos, despacio, en círculos. Carla se removió un poco, pero siguió dormida.

Víctor lamió a Valeria con más intensidad, metiendo la lengua dentro de ella, chupando su clítoris con suavidad. Al mismo tiempo, introdujo dos dedos en el coño de Carla y empezó a moverlos dentro y fuera con ritmo constante. Carla gimió bajito, todavía con los ojos cerrados, y abrió más las piernas de forma instintiva.

Valeria fue la primera en despertar. Abrió los ojos poco a poco, confundida al principio. Cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando, su cuerpo se tensó.

—Víctor… —murmuró, voz ronca por el sueño y la resaca.

Él no respondió. Siguió lamiéndola, más fuerte ahora. Valeria soltó un gemido y se agarró a las sábanas. Carla, al oírla, abrió también los ojos. Miró hacia abajo y vio la mano de Víctor entre sus piernas. En lugar de apartarse, sonrió con pereza y abrió más las piernas, dejándose hacer.

—Buenos días… —dijo Carla con voz pastosa.

Víctor levantó la cabeza un segundo, miró a las dos y volvió a bajar. Esta vez metió dos dedos dentro de Valeria mientras le chupaba el clítoris con más fuerza. Valeria arqueó la espalda y gimió más alto.

Carla se incorporó un poco, se acercó a Víctor y lo besó en la boca, saboreando el coño de su hermana en sus labios. Luego se bajó y empezó a lamer también el clítoris de Valeria, al lado de la lengua de Víctor. Las dos lenguas se rozaban de vez en cuando mientras él seguía metiéndole los dedos.

Valeria se corrió primera. Gimió fuerte, agarrando el pelo de las dos, y su cuerpo se sacudió con espasmos. Víctor no paró hasta que ella dejó de temblar.

Luego se incorporó. Tenía la polla completamente dura. Miró a las dos mujeres, que lo observaban con los ojos brillantes y la respiración agitada.

—Poneos a cuatro patas —dijo, voz ronca.

Las dos obedecieron. Se colocaron una al lado de la otra, culos alzados hacia él. Víctor se colocó detrás de Valeria y se la metió de golpe. Empezó a follársela con fuerza, sujetándola de las caderas. Con la mano derecha metió dos dedos en el coño de Carla y empezó a moverlos al mismo ritmo que follaba a su mujer.


El sonido de piel contra piel llenaba la habitación. Valeria gemía con cada embestida. Carla se tocaba el clítoris mientras Víctor la masturbaba con los dedos.

Víctor las folló así durante varios minutos, alternando: un rato dentro de Valeria, luego sacándose y metiéndosela a Carla unas cuantas veces, luego otra vez a Valeria. Las dos mujeres gemían y se besaban entre ellas de vez en cuando, inclinadas sobre la cama.

Cuando sintió que Valeria estaba cerca otra vez, Víctor aceleró. Ella se corrió con un gemido largo, apretando la sábana con los puños. Carla se corrió poco después, con los dedos de Víctor todavía dentro de ella.

Víctor se sacó de dentro de Valeria y se quedó de rodillas en la cama, respirando agitado. Tenía la polla brillante de los jugos de las dos. Las miró un segundo y habló:

—Es el momento —dijo, voz baja pero clara—. Es el momento de que pierdas la virginidad del culo bien, Valeria. No como el otro día.

Valeria se tensó al instante. Se giró un poco para mirarlo por encima del hombro. Tenía los ojos muy abiertos.

—Víctor… yo… —empezó a decir. Su voz sonaba pequeña—. No sé si estoy preparada. El otro día me dolió mucho.

Carla se acercó a ella y le acarició la espalda con suavidad.

—Tranquila —dijo en voz baja—. Yo te ayudo. No va a doler si lo hacemos bien.

Víctor se levantó de la cama y abrió el cajón de la mesilla de noche. Rebuscó un segundo y sacó el plug que habían comprado hacía ya varias semanas. Era de silicona negra, de tamaño medio, con una base ancha.

Se lo pasó a Carla.

—Prepárala —dijo.

Carla cogió el plug, le puso lubricante abundante y se colocó detrás de Valeria. Empezó a lamerle el ano despacio, con la lengua plana, mientras le metía un dedo poco a poco. Valeria se tensó al principio, pero poco a poco se fue relajando. Gimió bajito cuando Carla le introdujo un segundo dedo y empezó a moverlos.

Víctor se colocó delante de Valeria y le levantó la cabeza cogiéndola del pelo. Le metió la polla en la boca y empezó a follársela la cara con movimientos lentos pero profundos. Valeria lo chupaba con ganas, gimiendo alrededor de su polla mientras su hermana le preparaba el culo.


Cuando Carla consideró que estaba suficientemente relajada, cogió el plug, le puso más lubricante y empezó a introducirlo despacio. Valeria se tensó y soltó un gemido ahogado contra la polla de Víctor. Carla fue paciente. Fue metiéndolo centímetro a centímetro, parando cuando Valeria se ponía demasiado rígida, hasta que finalmente el plug quedó completamente dentro.

Valeria respiraba agitada, con la cara apoyada en el muslo de Víctor.

—Bien… —dijo Carla, acariciándole la espalda—. Ya lo tienes dentro.

Víctor se colocó detrás de Valeria. Le quitó el plug con cuidado y, sin darle tiempo a pensar demasiado, se colocó la polla contra su ano y empujó.

Valeria gritó. Fue un grito corto, de sorpresa y dolor. Su cuerpo se tensó por completo.

—Tranquila… —dijo Carla, colocándose debajo de ella. Le lamió el clítoris con la lengua mientras Víctor seguía empujando despacio—. Respira… déjalo entrar.

Víctor fue entrando poco a poco. Cuando estuvo completamente dentro del culo de Valeria, se quedó quieto un momento, dejándola adaptarse. Valeria temblaba debajo de él, respirando con dificultad.

Carla siguió lamiéndole el clítoris con suavidad. Poco a poco, los gemidos de Valeria fueron cambiando. El dolor empezó a mezclarse con placer.

Víctor empezó a moverse. Primero despacio, luego con más fuerza. Cada vez que embestía, Valeria gemía más alto. Carla chupaba su clítoris con ganas, metiéndole dos dedos en el coño al mismo tiempo.


Valeria se corrió así: con la polla de Víctor en el culo, la lengua de su hermana en el clítoris y dos dedos dentro de su coño. Se corrió temblando violentamente, gritando contra la almohada.

Víctor siguió follándola el culo unos minutos más. Luego se sacó, se tumbó en la cama y las miró.

— Poneros una encima de la otra, en un 69 —dijo—. Tú encima de ella, Carla.

Las dos mujeres obedecieron. Carla se colocó encima de Valeria, en posición 69. Empezaron a lamerse mutuamente mientras Víctor se colocaba detrás de Valeria y volvía a penetrarla por el culo.

Esta vez lo hizo con más fuerza. El sonido de su piel chocando contra las nalgas de Valeria se mezclaba con los gemidos húmedos de las dos mujeres lamiéndose. Víctor las folló así durante varios minutos, alternando la fuerza de las embestidas.

Cuando sintió que estaba cerca, aceleró.

Valeria se corrió primero, gimiendo contra el coño de su hermana. Carla se corrió justo después, chupando el clítoris de Valeria con más fuerza.

Víctor aguantó unos segundos más y entonces se corrió también. Lo hizo dentro del culo de Valeria, con un gruñido profundo, clavando los dedos en sus caderas mientras se vaciaba por completo.

Se quedaron los tres quietos durante unos segundos, unidos, respirando agitados.

Se separaron despacio. Víctor se sacó de dentro de Valeria y se dejó caer de espaldas en la cama. Valeria se quedó tumbada boca abajo, todavía temblando ligeramente. Carla se recostó a su lado, pasándole una mano por la espalda con suavidad.



Durante un rato no habló nadie.

Fue Valeria la primera en romper el silencio. Su voz sonaba baja y un poco ronca.

—¿Y ahora… cómo vamos a seguir así? —preguntó, sin mirar a ninguno de los dos.

Carla sonrió de medio lado, todavía con los ojos entrecerrados.

—Yo estoy dispuesta a seguir así todo el tiempo que queráis —dijo, sin ninguna vergüenza—. Me gusta. Me gusta mucho.

Víctor se quedó callado un momento, mirando el techo.

—No lo sé —respondió por fin—. Pero de momento… no quiero parar.

Valeria no dijo nada más. Se giró un poco y apoyó la cabeza en el pecho de su marido. Carla se acercó también y se acurrucó contra ellos.

Los tres se quedaron en silencio, sudados, agotados y con el cuerpo aún temblando por los orgasmos.

Fuera, ya empezaba a entrar la luz del día.

 


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